Aprendí, como siempre, de ella, que no importa sí es grande o pequeña, mentira es mentira y como tal rompe esa atmósfera de felicidad constante, arruina cualquier día y genera desconfianza.
Nunca le dí tal valor a una mentira hasta que descubrí el daño que puede hacer, hacerle y hacerme; y quizá no sea la persona más sincera del mundo, a decir verdad, pero si sé que gracias a ésto intento en la medida de lo posible omitirlas.
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